Te echo de menos.
¿Cuándo vuelves?
Quiero verte ya.
No lo soporto más.
Ven de una vez.
Y abrázame.
Abrázame muy fuerte.
Para que no pueda huir.
Porque si no, lo haré.
Si no me abrazas me iré.
Y me iré más lejos de lo que puedas imaginar.
Entonces tú me echarás de menos.
¿Cuándo volveré?
Querrás verme ya.
Y que te abrace.
Que te abrace muy fuerte.
Para que no lo vuelvas a hacer.
Para que no huyas como ya lo hiciste.
Y para que no tenga que esperarte como lo hago.
Piénsatelo.
O mejor, sólo ven.
Y abrázame.
- (...) Si hay algo de mí que no te guste, dímelo con franqueza. Y si puedo corregirlo, lo haré.
- No hay nada que no me guste. -Negué con la cabeza tras reflexionar unos instantes-. Nada.
- ¿De verdad?
- Me gusta la ropa que llevas, me gusta lo que haces, lo que dices, cómo andas, cómo te emborrachas. Todo.
- ¿Te gusta cómo soy?
- No sé cómo cambiarías, así que ya me va bien como eres.
- ¿Cuánto te gusto?
- Como para convertir en mantequilla todos los tigres de las junglas del mundo entero.
- ¡Ah!. ¿Me abrazas otra vez?
Haruki Murakami TOKIO BLUES
Me he equivocado.
Lo correcto no era lo que yo creía como tal.
Ahora ya no hay vuelta atrás.
Sólo queda asumir las consecuencias de mis actos.
Y prometerme una vez más, que no lo volveré a hacer, aun sabiendo que no será así.
No es la mejor vía de escape.
Y las cicatrices no se borran.
A buenas horas. Ahora ya no puedes aparecer así en mi vida.
Yo te quise, te deseé mucho tiempo, pero dada tu ausencia, la falta de respuestas, conseguí olvidarte.
Fué una dura misión, pero acabé por conseguirlo.
Y ahora que mi vida ha dado un giro, ahora que está rehecha, que por fín tengo a alguien que me quiere... vas tú, y apareces así, como sin percatarte, pero devastando todas mis estructuras mentales tan forzosamente construidas. ¿Y ahora qué?
¿He de elegir entre lo que ya tengo y lo que antes tanto ansiaba?
¿Sabes? Llegué a desesperarme por ti, derramé lágrimas, convencida de que nunca te tendría, y con el tiempo he ido dándome cuenta de que tampoco era una idea tan descabellada la de tenerte, aunque fuera de forma fugaz.
Hubiese dado lo que fuera por un sólo beso, por una señal que me dejara entrever que algo sentías.
Pero ya no. Llegas demasiado tarde. He sido reconquistada, y aunque haya sido algo inesperado y que nunca hubiese imaginado, no soy capaz, por tentador que resulte, de dejarlo de lado y lanzarme a la aventura de tus brazos.
Así que ahora vete. Vete y no vuelvas. En todo caso ya iré yo a buscarte dentro de unos años, y al verme entonces, tus palabras serán: A buenas horas.
Morirás ahogado en tu propia tumba.
Antes yo te habré dejado inconsciente, y dándote por muerto, serás enterrado, y así, doblemente asesinado.
Por fín me quedaré a gusto. Creo que será la única manera de saciar mi sed de venganza, porque podrás experimentar el ahogo que yo he sentido estos últimos meses, esta opresión en mi pecho, que no me deja respirar...
No eres consciente de todo lo que me has hecho sufrir, y es sólo por esto, por tu inconsciencia, que no te odio ni la mitad de lo que debiera, y que a pesar de desahogarme con palabras necias y crueles, no haya dejado de pensar en ti, y siga queriéndote aunque muy dolorosamente.
Aunque me estés matando.
Qué puedo hacer para que lo entienda.
Qué puedo hacer para que se dé cuenta de la verdad.
Hablo sin palabras, pero no es suficiente. No se da cuenta de que no quiero verle más, de que me está haciendo daño.
Van siendo pequeños detalles que me han desilusionado, con los que he visto realidades que hasta ahora se me hacían inexistentes, o al menos, no tan evidentes.
Pero claro, tanto tiempo compartido, tanto cariño y aprecio mutuo, noes fácil de olvidar, y mucho menos de rechazar.
La cosa es que yo necesito una distancia, algo con lo que comparar todos estos años vividos, en los que consistía la base de mi existencia. Simplemente, un descanso.
No lo sé. Tal vez se me ocurransemejantes atrocidades porque me siento mal. No ha sido un buen día, por su culpa. Por la mía. Porque me importa lo que ocurra, y no me importa quién sea más culpable.
Lo seré yo si es preciso, pero si no se soluciona optaré por el descanso.
Un largo descanso.
Necesito sentir tu ausencia, ese frío insoportable, ese vacío en mi interior, para poder aceptar que te has ido.
Lo he intentado de mil maneras. Me he repetido a mí misma incesantemente que has muerto, que no volveré a verte. He llorado, me he hecho daño, e incluso me he propuesto olvidarte; pero en mí sigue habiendo un sentimiento de seguridad, una calidez, que hace a mi alma creer firmemente en que tarde o temprano te veré. Que sólo se trata de algo temporal, y en el fondo sé que no es así, pero no lo puedo evitar.
He de asumir tu ausencia; tuve tu cuerpo inerte entre mis brazos, ví a tu alma abandonar este mundo, y a pesar de todo, tengo la equivocada certeza de que estás aquí.
Tan pronto me lo has dicho que me has quitado la ilusión.
Yo quería jugar un poco más y dar vueltas en la cama por las noches, excitada con la idea de preguntártelo, y por no saber seguro qué pensarías tú.
Nunca he podido ser yo la primera. Estoy un poco desilusionada por lo fácil que ha resultado una vez más. Antes eras especial, ahora creo que eres uno más y lo siento, más por mí que por ti.